
Soltar las amarras
Doscientos cincuenta y tres vasos
Doscientos cincuenta y tres vasos tiene como hilo conductor una carta de renuncia que se escribe,
se corrige, se posterga y reaparece a lo largo del libro. Ese trámite inconcluso da pie a una
reflexión sobre el trabajo, el cansancio, la obediencia y las formas contemporáneas de ordenar la
experiencia. Entre escenas domésticas, paisajes urbanos, oficinas, comercios y formularios, los
poemas muestran cómo el lenguaje administrativo invade incluso aquello que debería ser íntimo,
incierto o difícil de nombrar. Frente a la presión por volver todo claro, útil y legible, el libro
defiende el tropiezo, la ambigüedad, el exceso y la posibilidad de fracasar. Con humor e ironía, la
renuncia termina convirtiéndose en una pregunta sobre cómo abandonar una estructura cuando
incluso la salida parece haber sido prevista de antemano.

